REFLEXIONES EN TIEMPO DEÂ GUERRA CIVIL
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        LAS CASAS ANCESTRALES
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En el jardÃn en flor de un hombre rico,
entre el rumor de sus feraces campos,
la vida surte sin dolor ni objeto;
y llueve vida hasta que el seno colma
y asciende con la lluvia a doble vértigo
como tomando forma a su albedrÃo
sin inclinarse nunca ante mecánica
o servil forma, ante el recado de otros.
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¡Sueños tan sólo! Y no cantara Homero
de no saber que más allá del sueño
brotó de tanta vida ensimismada
el borbotón brillante; aunque hoy parezca
que es una concha mágica sacada
de la oscura afluencia del arroyo,
y no una fuente, el sÃmbolo que anubla
la gloria recibida de los ricos.
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Algún hombre violento y poderoso,
trajo a arquitecto y trajo a artista, para
que alzaran sus iguales en la piedra
la dulzura anhelada dÃa y noche,
la placidez que nunca conocieron;
mas muerto el amo danzan los ratones,
y puede que el bisnieto de esa casa,
con tanta alcurnia, sólo sea un ratón.
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¿Y si el jardÃn de los pavos reales
–su delicado pie en viejos parterres–,
o aquél que muestra a Juno en una urna
ante la indiferencia de algún fauno;
la hierba al rape, el camino de grava
con la Contemplación en zapatillas
y la Niñez colmada en los sentidos,
se cobran con ardor nuestra grandeza?
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¿Y si la gloria del blasón en puertas
y muros que una edad más alta alzó,
el recorrer los suelos encerados
en grandes galerÃas, flanqueadas
por los retratos de nuestros ancestros;
si aquello que los más grandes varones
toman por más magnificencia o júbilo
se cobra con dolor nuestra grandeza?